“Espartaco: sangre y arena” es una serie de época centrada en la vida del mítico gladiador que amenazara la mismísimo imperio romano. Siguiendo la estela de archiconocida película de Stanley Kubrik (un peliculón), los creadores de esta serie han querido sacar provecho del tractivo de la historia y del potencial que podría tener en un formato largo. Una buena idea plasmada de una forma un tanto “particular:
“Espartaco: sangre y arena” copia la estética de la película “300″. Sin el mayor rubor y sin excusa alguna. No hay ningún intento de ocultar las “influencias” de la serie y así tenemos una buena dosis de violencia explicita desgranada en una serie de combates a cual más espectacular y bien coreografiado a ritmo de videodoclip. Las escenas de lucha son poderosas y llamativas, llegando a ser un poco repetitivas en algunos momentos pero sin abrumar.

Los guionistas no pierden el tiempo ocultando sus orígenes ni en preocuparse por la moral del espectador, si no que se dedican a ofrecernos un intenso espectáculo de sangre y escenas algo subiditas de tono que se van sucediendo a un ritmo acelerado y dinámico que deja sin aliento. Cada capítulo nos ofrece su buena dosis de tortazos al estilo más espartano que se adereza con un guión que, a pesar de lo que pueda parecer, no se limita a ser un puente entre masacre y masacre, si no que va un poco más allá:
El proceso de cocción de la trama –bien conocida por casi todos- es lento pero seguro, haciendo que la historia vaya cogiendo peso a lo largo de los capítulos. Así, en un principio Espartaco no es más que un esclavo más que recibe palos por todas partes hasta que es pulido en la arena y llega a ser un líder de masas. Hay momentos en que ni siquiera parece el protagonista de la serie, lo que aporta cierto toque de originalidad e interés. Hay más focos de atención que las peleas y el propio protagonista y eso hace que la historia tenga mucha más profundidad y peso.
Resulta muy de agradecer el intento de reflejar con realismo (con sus licencias, claro está) la decandente sociedad de la época y los entresijos de las luchas de poder, las reglas de compromiso, los vericuetos de la política (todo ello sin llegar a cansar al personal con tramas demasiado densas y complicadas). Claro que hay cosas que chirrían y aspectos un tanto increíbles pero la adaptación de ese mundo parece muy lograda y cuidada.
La producción es digna y eso se nota en la variedad de escenarios y los efectos especiales. No vemos nada del otro mundo, pero sí un cuidado importante a la hora de representar con toda la parafernalia típica de las películas de romanos clásicas, añadiendo un toque picante y escabroso que hace que la cosa parezca mucho más real que en la películas de romanos de toda la vida. También ayuda un buen elenco de actores entre los que destacan el excelente John Hannah (La Momia) como el dueño del Ludus (escuela de gladiadores) de Espartaco y su mujer Lucy Lawless (Xena: la Princesa Guerrera) en el papel de su esposa fiel.
Espartaco es una serie muy entretenida que recuerda a la mencionada 300 y a Gladiador en muchos aspectos pero que sabe administrar bien las dosis de influencia justas para no llegar a parecer un refrito barato. Tiene una estética muy atractiva efectista que atrapa al espectador, pero sabe mezclar los alardes (excesivos en algunos momentos) con una guión interesante y con matices que pican la cuiriosidad. Eso unido a unas buenas interpretaciones, da como resultado una serie dinámica y que te mantiene en tensión en todo momento y que te regala la vista con escenas de acción muy espectaculares. Buen producto que gana mucho viendo un par de capítulos seguidos y dejándolo reposar un par de semanitas para no acabar un poco empachado…